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Angel Fernando Quiroz Nieto



Nació en Arequipa el 3 de junio de 1799 en el seno de una familia elevada cuyos hijos excepto él, alcanzaron todos alto nombre y cómoda posición social. Fue hijo del doctor Blas Quiroz natural de Majes y de doña Antonia Nieto y Zapata natural de Moquegua, fue hermano del general Anselmo Quiroz un militante condecorado con las medalñlas de Junin y Ayacucho.

Sus primeros estudios apenas alcanzaron a los que hace un niño de nuestros días en una escuela elemental. Había llegado una época en que se necesitaba de otra educación que la que daba mezquinamente la España a sus colonias. Era la educación de la libertad lo que faltaba.
Quiroz la recibió muy sólida. Apenas contaba con doce años de edad cuando tuvo conocimiento del triunfo obtenido por las armas insurgentes mandadas por Belgrano en Tucumán. En ese tiempo empezaba sus estudios en San Jerónimo de Arequipa. Su instintivo amor a la libertad lo hizo maldecir a gritos al gobierno español. El resultado fue el ejemplar castigo que recibió.

En 1814, a la entrada del general español Ramírez en Arequipa, Quiroz huyo al Cuzco para tomar las armas en defensa de la libertad. En 1821 cayó preso por haber intentado pasarse a las filas del ejército libertador de San Martín, y más tarde lo habría hecho, si una grave enfermedad no se lo hubiera impedido.

En continuo movimiento y en perpetua lucha siempre con el poder judicial, el autor de los “Delirios de un loco”, como él intitulo la colección de sus poesías, trabajó sus composiciones en medio de las calles públicas de Lima, casi siempre de memoria, y agobiado por las injusticias de sus constantes enemigos.

Una mañana del 28 de septiembre de 1862, una curiosa muchedumbre se agolpaba en largo cáliz de dolor. ¡Pocas existencias más desgraciadas! En la puerta de una miserable habitación en una de las calles menos frecuentadas de Lima, en la cual no se encontraba sino unos cuantos libros, un candelero y un cajón. Dentro de él se encontraba el cadáver de un hombre.

Era el de Angel Fernando Quiroz, que había pasado a mejor vida.

Hay quienes lo han llamado loco; otros, poeta incomparable; algunos, crítico severo de genio profundo; muchos, gran republicano, siempre virtuoso y siempre patriota; y no pocos una entidad indefinible simplemente.

Cualquiera que haya sido el juicio de sus contemporáneos, cualesquiera que hayan sido los defectos de sus obras, se juzga que realmente era un poeta.
Entre sus numerosas composiciones poéticas, se notan más de veinticinco mil sonetos, entre los cuales hay algunos incomparables.

La principal colección de sus poetas son los “Delirios de un loco".

Ernesto Noboa Arredondo

Poeta, Nació en Arequipa el 5 de junio de 1838, fue hijo de Pedro Ignacio Noboa y Benavides y de Clara Arredondo y Barreda.

El "Parnaso Peruano" dice lo siguiente:

Arequipa, la opulenta y altiva fue la ciudad natal de este poeta, quien desde sus primeros años se dedicó con increíble afán al estudio en los colegios de esta ciudad y en los de Lima.

Difícilmente podría registrarse un solo periódico del Perú sin encontrar alguna producción del señor Noboa, que ha luchado siempre en las filas de la causa liberal, combatiendo los avances del poder.
"En distintas ocasiones ha servido en las aduanas de la República y en todas ellas ha dado señales inequívocas de su laboriosidad e intachable honradez, que lo han hecho respetar por sus mismos adversarios políticos.

Santiago Martínez, lo llamó "inspirado vate", concepto que no compartía desde sus trabajos primigenios José de la Riva Aguero. Noboa, escribió y publicó numerosas composiciones poéticas, que muestran el mérito no muy común de ese aire de espontánea naturalidad que se ha llamado con gran propiedad la primera calidad de la poesía lírica .

Ha escrito y publicado numerosas composiciones poéticas, que a nuestro juicio, tiene el mérito, no muy común, de ese aire de espontánea naturalidad que se ha llamado con gran propiedad la primera calidad de la poesía lírica.

Al lado de sus poesías líricas figuran sus leyendas "Lelia y Ricaurte" que, a pesar de haber sido escritas en la época de sus primeros ensayos poé-ticos, abundan en muestras de elegancia y buen gusto que hacen el elogio de su autor.

Entre sus varias producciones, hasta ahora inéditas, está su leyenda "La Estrella del Dos de Mayo" que las complicaciones políticas mantienen en la carpeta del poeta".

Empleado de las contadurías de Aduana de Islay y Arica, este ilustre arequipeño estuvo casado con Elena Emperatriz Velarde, hermana de Samuel Velarde. Falleció el 30 de julio de 1873. Su retrato se halla colocado entre los arequipeños ilustres en la galería del Concejo, Considerado como uno de los mejores poetas de Arequipa.

Poema , en el Perú ilustrado de mayo de 1887.



Trinidad Fernández

El "Parnaso Peruano" consagra a este simpático poeta los siguientes datos biográficos:

La ciudad de Arequipa es la cuna de este poeta, que nació en 1830, siendo su padre el veterano de la Independencia don José Cruz Fernández.

Desde muy niño se consagro a la carrera de las armas, embarcándose a la edad de los 12 años en un navío de la armada peruana. Sirvió en ella hasta el año 1844, en que, a consecuencias de los sucesos ocurridos en Arica y la ruptura con Inglaterra, paso al ejército de tierra en calidad de Subteniente. En 1854 y después de la batalla de la Palma en que termino la administración del General Echenique, se retiró después de Haber alcanzado el grado de Capitán.

Incorporado en la planta de empleados del Ministro de Relaciones Exteriores, se le mando a organizar su expediente de cesantía, a consecuencia de la publicación de ciertos artículos contra la administración del General Castilla.

Nuestro poeta vino a hacer, por la primera vez, estudios serios en 1851 bajo la dirección del literato español don Fernando Velarde.

Sus producciones no pasaban hasta en época de ligeras coplas, escritas en los momentos de ocio del cuartel, para complacer a sus compañeros de armas.

A partir de 1852, Fernández ha colaborado en "La Ilustración". "La Revista", "El Iris", "El Cosmos", " La Revista Lima". "El Progreso Católico" y otras varias publicaciones.
Acompañado con D. Juan Sánchez Silva fundo los periódicos "La Tunda", "El Independiente". con el Sr. D. P. Pereira Gamba "El Perú" con el Dr. Quimper "El Tiempo"; con D Nicolás Piérola "El Argos" y con el Sr. Larriva "La Maroma".

En 1867 publico un volumen de poesías con el título de "Violetas Silvestres".
Luego paso a desempeñar el cargo de Secretario de la Prefectura del Callao. Trinidad Fernández murió en el Callao el año de 1873, víctima de la tisis.



Fuente: La Lira Arequipeña

Manuel A. Mansilla

Nació en Arequipa en el año de 1854. Sus padres fueron Don Félix Mansilla de nacionalidad boliviana y la Señora Dominga Pareja . A temprana edad perdió a sus padres .

Comenzo sus estudios en el Seminario conciliar de San Jerónimo y luego se trasladó a estudiar a Lima.

Formó  parte de la redacción d evarios periódicos y entre ellos el "Telégrafo" primer diario que vió la luz en arequipa, luego en "La bolsa" hasta su muerte.

También se desempeñó como oficial primero de laSecretaría del Concejo Provincial de Arequipa  y como secretario de la Aduana de Mollendo, regresó pronto a arequipa porque había adquirido una enfermedad y el clima de allí no le asentaba.

Sintió mucho la muerte del Sr, Ibañez, Director y propietario de la "Bolsa".

Falleció a los 3 meses de la muerte del señor Ibañez, desempeñando la dirección de "La Bolsa" el 16 de febrero de 1900.

En el club literario tuvo una actuación destacada,principalmente como colaborador del "Albúm" revista ofiacil del club. Se hizo presente en todas sus ediciones d emodo especial en las ediciones extraordinarias dedicadas a los Centenarios del nacimiento de Melgar ("Melgar" poesía) y Bolivar ("Arequipa a Bolivar" hermoso soneto).

Fue un poeta dedicado por entero al periodismo y a la poesía.

Fuente:


  • Artemio Peraltilla Díaz, Reedición de la publicada en 1889," La Lira Arequipeña" (Tomo II), Año-1972. página 209.

El Poeta y su Madre

Fotografía referencial


La atmósfera era pesada por el humo de los cigarrillos y el entremezclado olor de bebidas alcohólicas. Además, era bullicioso por risas, verborrea y exclamaciones en tropel. Y el ruido de dados agitados en cubiletes y luego el sonido de esos pequeños cuerpos sólidos, dándose como saltimbanquis volteretas sobre una superficie lisa.

¡Tres cuadras de un sólo tiro!
¡El mío es mejor tres "chinas"!
¡Yo gano, tengo tres "asesinos"!

Y los gritos de ¡salud, hermano! menudeaban en esa cantinucha que existía al lado de la Caja de Depósitos y Consignaciones (hoy Banco de la Nación), con el entrechocar de vasos. Era en general la expansión desenfrenada en una noche anónima, como cualquier otra noche sin pausas.

De pronto un cuerpo tambaleante se presentó ante nuestra mesa. Era un hombre de edad avanzada. Un mechón de pelos ensortijados le caía sobre la frente mientras sus ojos lánguidos nos observaban sin pestañear. En su cuello, una corbata "michi" un tanto que se columpiaba.

- ¡Doctor - exclamamos - siéntese, por favor!

Nos levantamos de nuestras sillas y le ofrecimos una de ellas al recién llegado. Era el maestro Carlos.

- ¿Una cervecita, doctor? - le ofrecimos.
Don Carlos, el viejo maestro, parecía ajeno al ensordecedor jolgorio.

- ¡Vamos adentro, allí estaremos más tranquilos. ¡Doctor, por favor..!

Cerramos la puerta y un silencio leve garantizó nuestra intimidad entre esas cuatro desnudas paredes.

- ¿Doctor, una cervecita? le vamos a invitar.

- No - respondió el maestro con suavidad prefiero un trago corto.

- ¡Mozo -pidió uno de nosotros-, tráete un cuarto de Soldeica!

Y libamos unas cuantas copas.

- ¿Ustedes - preguntó ei recién llegado han sido mis alumnos?

- ¡Claro doctor!

- ¡A mi, igual, doctorcito!


¡Cuantos años habían pasado ya!. El maestro lucía ya un cabello semicano y nosotros cursábamos uno de los últimos años en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Agustín. Y allí, pese al tiempo transcurrido, nos hallábamos ante nuestro antiguo profesor en una sola mesa, libando licor.

¡Doctor - osó pedir uno de mis ya achispados compañeros - recítenos una poesía, mejor, quiero decir, una de sus poesías!
- ¿Una poesía, quieren una de mis poesías?

Sí, doctorcito. Una sola...

El profesor nos miró como si estuviéramos a una distancia de estrellas. Lejísimos. Sus finos labios se entreabrieron y recitaron: "Yo llegué, madre mía, muy de madrugada, yo salí de tu corazón, que es un nido de ternura y me descolgué a la vida por una sonrisa tuya. Yo llegué un jueves, un jueves muy de madrugada".

El poeta pronunciaba apenas las palabras. Diríase como una oración apenas audible. "¿Para qué decirte lo que ha pesado si no ha pasado nada? El sol ha dorado mis penas y los hombres las han curtido. He tenido caídas- Dicen que el peor enemigo es uno mismo y sin embargo, aquí me tienes, madre, más alegre y más humano".

El bullicio de fuera se filtró por una herida abierta de la vetusta puerta como una cuchiflada traicionera antes de que se desprendieran estos últimos versos: 

"O cuánto he andado ya y cuánto me queda! 
Han de pasar los años y, claro, 
y ha de llegar la hora. 
Más... ¡no lo dudes!, 
he de volver a ti una noche de luna 
escalando por una de tus lágrimas, 
he de volver a tu corazón 
para morir enfermo de Ternura!".

Un profundo silencio nos enmudeció y embargó como si rindiéramos tributo a la muerte.
El poeta, nuestro viejo maestro, suplicó entonces:

- Váyanse, ¡váyanse, que quiero estar sólo!

Obedecimos.

Y antes de salir del cuartucho, lentamente me volví para mirarlo por última vez, tenía la cabeza metida entre las manos. Estaba llorando.

Fue mi querido y buen profesor Carlos Manchego Rendón.


MAROVE

Fuente: "Estampas de mi tierra". 1996.  MAROVE (Manuel Rodríguez Velásquez)

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